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sábado 4 de julio de 2020
COLUMNA INVITADA

El narco, la otra pandemia que cobra más vidas que el COVID-19

El fracaso sexenal se ha adelantado; esta administración llega a la mitad de su segundo año sin gloria alguna, pero sí con mucha pena, ansiedad e inseguridad económica y pública de decenas de millones de mexicanos. Y tiene ante sí aprietos en todo lo prometido por Don López en campaña y ya como presidente.

El enredo mayor de Don López, es cómo demostrarle a su patrón principal estadunidense, a quien obedece y cumple a cabalidad el trabajo sucio encomendado por Donald Trump, de resolver el problema del crimen organizado.

Hoy, en los círculos donde se concentra el mando civil y militar, cuyo ápice es Don López, se comenta que el trabajo sucio encomendado por el gobierno americano es estratégico. Es decir, ese trabajo sucio se realiza bajo la guisa estratégica de los intereses económicos y políticos de Estados Unidos, que son los que determinan la ruta de sus relaciones con otras naciones.

Esos intereses norteamericanos se emblematizan, por un lado, en la seguridad de que los intereses representados por Washington no sufran ningún agravio. Pero ya han sufrido de esto, pues primero fue la liberación de Ovidio Guzmán, luego la reunión con la madre del Chapo Guzmán, algo que seguramente tiene muy molesto al inquilino de la Casa Blanca.

Los casos fortuitos se refieren a los “imprevistos” devenidos de decisiones inesperadas por su calaña imponderable, pero razonablemente previsible: que el bajo vientre de EU que es México no sufra cuchillada trapera.

Hoy el mayor pago que se ha recibido por parte del presidente de EE.UU. son halagos a la pequeña figura que tenemos como presidente; pero vendrán más cobros, compromisos y uno de ellos es el narcotráfico

Esos compromisos conducen a identificar un móvil de la nula acción de combate que Don López libra contra las organizaciones dedicadas al tráfico ilícito de estupefacientes y psicotrópicos.

Esa perspicacia se fortalece al identificar que se comienza a configurar un posible hecho de que el Estado no combate la producción ni el consumo de narcobienes y tampoco el abasto comercial a EU y venta en México.

Los mercados estadunidense y mexicano han crecido enormemente. La crisis financiera y económica en EU, en vez de abatir el consumo, lo ha aumentado. En México, el mercado crece exponencialmente en ciertas regiones, siempre de la mano de la muerte.

Ello ha abierto lo telones que ocultan la falacia del combate a la inseguridad. Alfonso Durazo ha desaparecido, junto con el súper procurador Gertz Manero y esto muestra que los motivos centrales son, en realidad, los de la seguridad estadunidense en el sentido de que en México no deben tolerar disidencias.

¿Por qué? Porque en EU se previó que la llegada de Don López a la presidencia de México causaría reacciones –disidencias, protestas, desestabilización, ingobernabilidad, etcétera– como las que se registran doquiera en gran parte del país. Ante esta situación, nos queda claro que el combate a frenar a los migrantes es sólo un pretexto, pues ya se percibe que muy pronto habrá acciones para disuadir a quienes organizadamente se oponen, por la vía pacífica o armada, a la 4T.

Don López ha desestimado consejos

Uno de esos consejos vino precisamente de ciertos militares en el entorno de Don López. Indirectas comprensibles: los soldados no son ni quieren ser policías y menos albañiles.

Y el enemigo no es una fuerza militar convencional. Aun como coadyuvantes «pro forma» de la policía, las Fuerzas Armadas de México no intimidan a los delincuentes, sino a la población civil.  Por eso la creación de la Guardia Nacional.

Y ese es uno de los dilemas de Don López. Otro desafío es el cómo salir del atolladero de una «narcoguerra» que ya perdió y cuyas ramificaciones dañinas se han multiplicado, y sin exhibir su derrota.

Pero advertimos una macabra ironía: una pandilla de poder, un Estado criminógeno, derrotado no por el pueblo al que intimida con falsas promesas y que lo traiciona a diario, sino por otro grupo delictivo, mejor organizado, el narco.

Es por ello que esa frase vertida por Don López: “nos vino como anillo al dedo”—refiriéndose a la pandemia del COVID-19–, nos recuerda que no debemos olvidar el baño de sangre que ahoga al territorio nacional. México registró 2 mil 585 asesinatos en marzo, en plena contingencia por el Covid-19, y eso es más que una pandemia; es un genocidio silencioso que avanza por la ligereza de un Estado que carece de un buen capitán.

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