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sábado 25 de mayo de 2019
SIN RESERVA

Inseguridad nos quita el sueño y destruye el éxito.

Por Víctor Flores

En menos de 50 años, Cancún logró posesionarse como un destino de clase mundial, una marca reconocida en todo el mundo, un imán de inversiones, generación de empleos y grandes oportunidades para mexicanos de todo el país y extranjeros que hemos hecho de este paraíso nuestra casa.

Por muchos años se ha construido exitosamente una millonaria infraestructura turística, hotelera y de servicios de la mano de hombres y mujeres que han venido a invertir, a trabajar y ser parte de su éxito.

Somos muchos los que hemos venido a estas tierra fértil en busca de una oportunidad y una mejor calidad de vida, que hemos desaparecido de nuestro lugar de origen para renacer en algún punto del Caribe mexicano con la firme convicción de un sueño que arropa trabajo, estabilidad y bienestar.

El éxito de Cancún dio origen a la Riviera Maya y a todo el corredor turístico Cancún-Chetumal, son más de 100 mil habitaciones hoteleras a lo largo y ancho del estado; Cancún se convirtió en el motor y modelo de éxito de todos los multidestinos de Quintana Roo.

Por décadas, el Caribe mexicano ha sido imán de turistas y de inversiones, generador de empleos y oportunidades, sin embargo en los últimos años, el incremento súbito de la delincuencia y la inseguridad se han convertido en el flagelo que comienza a destruir lo que hasta ahora se ha erigido exitosamente.

Ha llevado casi medio siglo construir el éxito de Cancún, Riviera Maya y todo lo que hoy ofrece el Caribe mexicano. Casi 50 años de desarrollo, auge, prosperidad, éxito y fama, resultado de esfuerzo y trabajo de quienes han venido a esta tierra a sumar y aportar para ser parte del éxito.

Quienes venimos con esa convicción de encontrar una oportunidad, una mejor calidad de vida, trabajar y crecer profesionalmente, de emprender un negocio, encontrar una pareja, hacer una familia y vivir en paz, vemos hoy como ese sueño que en algún momento tuvimos, se desvanece y poco a poco se convierte en una pesadilla.

Somos muchos los cancunenses y quintanarroenses que ya hemos sufrido en carne propia los embates de la delincuencia y la inseguridad en nuestra casa, familia y negocios.

De tres años para acá, la sociedad ha sufrido como nunca, la ola de robos, asaltos, secuestros, extorsiones, asesinatos, feminicidios, balaceras y vive en tsunami de violencia que nadie frena.

Las estadísticas no mienten, la percepción de inseguridad es cada vez más inquietante y a veces aterradora.

La delincuencia ha tomado a Cancún y Quintana Roo de rehén, inicialmente por ineptitud, luego por corrupción de los cuerpos policiacos y finalmente por la complicidad de las autoridades con el crimen organizado.

No es un secreto que la pasada administración que encabezó Roberto Borge, el crimen organizado se asentó en Quintana Roo.

Sin embargo tras el cambio de gobierno, la plaza, principalmente Cancún y Playa del Carmen. Se han convertido en escenario de una lucha encarnizada y sangrienta entre bandas criminales que pasaron ya del combate entre grupos antagónicos a lastimar a la sociedad y al destino.

La delincuencia se ha asentado y opera a placer, la lucha ya no es solo por la venta de droga, han volteado a ver que ante la fallida estrategia policiaca y de seguridad en los destinos turísticos de Quintana Roo, el mejor negocio son los secuestros, extorsiones y asaltos a mano armada a negocios y casas habitación.

La sociedad ha quedado indefensa ante el embate de la delincuencia y se vive en zozobra constante.

No es exagerar que se vive un estado de terrorismo, por extorsiones, secuestros, amenazas y asesinatos; hay familias que lo han perdido todo, negocios que han tenido que cerrar, empleos que se han perdido y lo peor luto y dolor en muchos hogares.

En Cancún diario hay delitos con arma de fuego y asaltos, ya es costumbre escuchar durante casi todo el día el ulular de las sirenas de las unidades de emergencia y Cruz Roja por reportes de gente lesionada.

Preocupante escuchar al secretario de Seguridad Pública de Quintana Roo, Alberto Capella, curarse en salud  y decir con tono de ineptitud, que la inseguridad no se va a resolver en este sexenio, en vez de encarar el problema e informar que se está haciendo para combatir con eficiencia el flagelo que quita el sueño a la sociedad y que destroza la imagen de Quintana Roo como destino turístico.

Duele de verdad y decepciona escuchar a estas autoridades y sus voceros, responder después de cada delito o ataque armado, que se trata solo hechos aislados, que los ataques no fueron a turistas, ni en zona hotelera o zona turística, como si la sociedad y la vida de los quintanarroenses valiera menos.

Se trata nada menos de la sociedad que les dio el voto y la confianza a quienes prometieron seguridad y recuperar la paz.

No hacer nada y devengar un salario como el caso Capella, es sinónimo de ineptitud corrupción.

Ante la pesadilla de hechos delictivos de alto impacto, robos, asaltos a comercios y toda la ola de inseguridad que azota a la zona norte del estado, se hace necesaria una sacudida al gabinete del gobierno, sobre todo en materia de seguridad.

La seguridad de los quintanarroenses y la imagen de todos los destinos de Quintana Roo debe ser una prioridad impostergable y no negociable.

Urge un plan de acciones inmediatas, efectivas y con resultados. No hay tiempo para discursos.

Espero sus comentarios, opiniones y sugerencias #SinReserva en vfloresh@hotmail.com

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